Tuesday, June 13, 2023

La que tiene sabiduría

¡Ay abuelita! Los años pasaron y tu esencia se fue desvaneciendo. Nunca me desconociste, pero pude notar algunas miradas perdidas en el horizonte de tu vida. Tu cuerpo estaba con nosotros, pero tu mente ya divagaba en la eternidad. Quizás pensando en algún hermano o algún amigo a quien no veías hace años... probablemente nunca lo sabré, pero será una de las preguntas que te haré cuando nos volvamos a ver.

¡Ay abuelita! Te veía algunas veces, pero poco a poco ya no eras la misma; te miraba, pero ya no estabas con nosotros. 

Lamento tanto que no supe apreciar esos valiosos últimos segundos a tu lado. 
Cuando empecé mi relación con mi esposa te dije una vez: "Uno de estos días vendré a verte (a tu casa) y te presentaré a mi polola". Tu respuesta fue: "Aún no la traigas, déjame ordenar primero". Lamentablemente, nunca la pude llevar a tu casa, pero aun así lograste conocerla. Siempre quise mostrarle donde almorzaba cuando iba a tu casa de pequeño y las sopas de letras que solías hacer, pero nunca pude hacerlo.

Agradezco enormemente que hayas podido conocer a mi hija y que ella supiera de ti; que tuvieras la intención de compartir y jugar con ella, aun cuando tus manos ya no podían tomar ni un vaso con líquido. Mi hija siempre sabrá de ti y ese conocimiento siempre lo atesoraré.

Camino a la casa de mis padres pasaba frente a tu departamento. Varias veces me planteé pasar a verte, llevar a mi hija y darle la oportunidad de conocer el hogar de su bisabuela; que se divirtiera con las mismas cosas que una vez usé yo, pero nunca me la permití. Hoy lo recuerdo y lo sufro. 

¡Ay abuelita!, ¿qué haré ahora cada vez que pase frente a tu departamento? ¿Qué haré ahora cuando se acerque la fecha de tu cumpleaños y no estés? ¿En quién buscaré refugio cuando tenga un problema? ¿Quién me va a regalonear cuando desee escapar de todo? ¿Cómo se supera esta pérdida? 

Hace unos pocos días supe de ti y de tu caída y no fue hasta ayer, cuando fui a tu viejo hogar para recoger algo de tu ropa cuando supe dónde ocurrió. No lo pude creer. Te imaginé ahí; y no pude contener mi pena al saber que estuviste ahí por tanto tiempo y no pudiste recibir la ayuda apropiada cuando más la necesitabas. 

¡Ay abuelita! No pude abrazarte esa última vez. Sinceramente, no pude. Te vi, pero no lo quería aceptar. Te observaba impávido, sin sacar mis manos de mis bolsillos, intentando hacerme el fuerte, pero no pude. Verte en ese estado me partió el alma. Me dolió enormemente y parecía todo tan irreal. Tus ojitos ya no estaban, se habían cerrado para no volver a abrirse nunca más. Me acerqué a ti, pero me quebré en el instante. Tu cuerpo ya no era el que había visto tiempo atrás. Cuando me armé de valor, tu cabello cano y delgado junto a tu dulce rostro fueron lo último que mis dedos supieron acariciar.

Agradezco enormemente que hayas tenido la fuerza suficiente para darme la oportunidad de acariciarte y despedirte. No sé si nos esperabas con mi hermana, pero estaré eternamente agradecido. Te amo y siempre lo haré. 

Ayer te despedimos con tu familia y cercanos. Muchos nos dieron apoyo y cariño para poder sobrellevar este dolor, pero éste no se supera, solo aprendemos a seguir nuestras vidas sin tu presencia. 

En tu despedida no podías irte de otra forma: maquillada, linda y abrigada.

Abueli, sigo procesando este nuevo escenario. Es mucha información y el tiempo no da a vasto.
Han pasado solo unas pocas horas y el recuerdo duele tanto como en el minuto mismo en el que me enteré de tu deceso. 

Sé que estás en un lugar mejor, sin dolores ni malos ratos. Ya te reencontrarás con tu hermana menor, quien se fue poco antes que tú; podrás conversar con tus demás familiares, amigos y tu amado esposo, quienes te han estado esperando desde hace mucho tiempo. Tus pensamientos y recuerdos se fueron contigo y estoy seguro, tendrás una linda y eterna conversación con todos ellos, contándoles que llegaste a bisabuela y que pudiste ver y jugar con ambas; les dirás sus nombres y especiales que son. Tienes varias historias y tendrás tiempo de sobra para narrar todo con lujo y detalles, y cuando se te acaben, te darás cuenta de que tuviste una bonita vida, una buena hija y nietos y bisnietas que te amaron y siempre lo harán.

Cuando pasen los años (muchos, espero), seguiré tus pasos y nos volveremos a encontrar. Espero poder reconocerte al cruzar aquel puente que nos divide y me puedas recibir con el más cálido de los abrazos, como aquellos que solías darme cuando era pequeño y tu mente seguía aquí.

Te amo abueli. Espero tener mi mente siempre buena para no olvidarte jamás. 

Descansa en paz, abuelita.


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