Tuesday, June 1, 2021

Footsteps

- Jared, finalmente, la guerra fría ha cesado. Las batallas fueron duras y con muchas bajas, pero valió cada golpe. Las heridas parecen haber cicatrizado y sin haber derramado tanta sangre. 

Durante la noche se reunieron los generales para acordar términos. Los bandos desaparecieron y la victoria ha sido concedida. Después de todos estos años, al fin podré reencontrarme con mi santuario; sentarme junto a estas marcas, mirar al pasado y descubrir como estos sueños se tornaron en cicatrices... y sanar.

- Hablas como si no tuvieras mas porqué luchar. Sólo nos estamos reencontrando con nuestras antiguas huellas que nos llevan a casa. ¡Somos libres, Jared! ¡al fin!... somos libres.

- Lo sé... y esta vez, estoy listo.


En ese momento, Jared abrió sus ojos y sintió ese alivio. Respiró profundo, tomó su viejo bastón, sus llaves y caminó hacia donde sus pies le llevaran. Luego de una hora, miró hacia adelante, sonrió y dijo:

- Al fin he llegado agregó mirando a su alrededor Todos parecen haber olvidado lo sucedido. Nadie recuerda aquella vieja canción y, sobre todo, nadie parece haberte apreciado lo suficiente, pero tú, mi vieja y desgastada amiga... tú sigues siendo la misma.

La paz del lugar lo envolvió. Cerró sus ojos como si fuera su última acción, pero tras unos breves instantes, escucha unas suaves pisadas. El lugar se hunde en un completo silencio, como si la naturaleza supiera de antemano lo que estaba por ocurrir. El viento empieza a soplar y las pocas hojas que quedaban en aquel árbol empezaron a caer, como un presagio y recordatorio de vidas pasadas. Las pisadas se detienen y una delicada voz anuncia: 

- Sabía que estarías aquí.

Jared abrió suavemente sus ojos. No había apuro; ese tono irónico era tan familiar como el clima del lugar. Levantó la mirada, miró fijamente y añadió con la misma ironía:

- ¿Acaso hay otro lugar?

Al responder, miró simbólicamente al árbol y esbozando una leve y temblorosa sonrisa, susurró: 

- Gracias por la bienvenida. 

Wednesday, March 31, 2021

Preludio

Detrás de aquel desgastado árbol, cuyas ramas se debilitan con el correr de los años, está mi debilidad: un lugar distinto, un lugar simple, un lugar eterno.

Los otoños han inundado de recuerdos sus ya opacos colores. 

A menudo me acerco, inconscientemente, sin pensar en verlo realmente. A veces deseo acercarme, pero la vívida nostalgia desea dejar todo tal y como está; sin variaciones ni desgastes.

¿Cuándo volverá el tiempo atrás para señalarme el camino? ¿Cuándo las hojas dejarán de pavimentar su superficie?

Hoy inicia mi cautiverio en libertad. Tras salir de un círculo, inevitablemente se entra en otro. La libertad es limitada y dependiente. No se queja, pero demanda. 

Mis manos no logran llegar mas allá de lo que desean conocer. Son esclavas de sí mismas y no anhelan sostener más las lágrimas que caen desde las malgastadas ramas.

Ha caído la última hoja del otoño y ese fino sonido parece haber me avisado que algo sigue vivo.

Wednesday, September 2, 2020

La última flor del jardín

A mi querida tía

Con no muchos tíos tuve la oportunidad de compartir a lo largo de mi niñez. De parte de mi abuela, venían de vez en cuando, en especial para algunos cumpleaños o festividades. De parte de mi tata, igual.
Cuando fui creciendo, fui conociendo a más personas, que poco a poco, iban cambiando de residencia o tomaban caminos a los que difícilmente podíamos acceder.

Una de esas personas era mi tía, a quien llamaré Meli.

Cuando la conocí ya tenía sus años. Desde que tengo memoria de ella, siempre fue igual; nunca cambió. Usaba su pelito corto. La iban a buscar en las mañanas y en las tardes la iban a dejar. Por mucho tiempo su hogar fue una incógnita para mí, hasta que un día acompañé a mi papá y a mi tata a buscarla un domingo, después de la iglesia. Ella, hace un tiempo, se había mudado a un asilo. Vivía sola, pero había personas que la acompañaban y le ayudaban en sus necesidades. Mi tía tenía, entre otras cosas, problemas en una de sus piernas. Una era más corta que la otra, por ende, cojeaba. Usaba muleta y un zapato con un enorme taco. Le costaba caminar y no podía seguirnos el paso si salíamos con ella, aunque fuera al patio de la casa.


Recuerdo claramente algunas ocasiones, cuando llegaba de visita. Era una persona dulce con nosotros, al menos conmigo siempre lo fué. —En la familia de mi papá, mi mamá no fue muy bien recibida en un inicio (a consecuencia, yo tampoco), pero de mi tía tengo una buena impresión. No recuerdo que me haya tratado mal o que haya dicho algo feo de mi mamá—. 

 

Algunas veces, cuando llegaba, nos traía unos pequeños engañitos, cómo chocolates o dulces; básicamente, de la forma con la que puedes comprarte a un niño. Mi tía no era de grandes recursos, por ende, sus regalitos no eran caros ni nada por el estilo, lo cual, viéndolo ahora, a mi edad, fue un muy lindo gesto de su parte.

Algunas veces, cuando nos iba a visitar, tomaba sus siestas en el sillón, dejando su muleta a un costado, cerca del brazo del sillón, para, cuando despertara, pudiera tomarlo de inmediato.

No podría decir que fui un niño muy cercano a mi tía, pero si sentía un gran aprecio y cariño por ella.

Cuando crecí, si bien sabía de su existencia, la olvidé por completo. Tocaba mi corazón ese sentimiento, pero aprendí a anestesiarlo.

Cuando iba a jugar fútbol con mis amigos, tomaba la calle que daba justo a su asilo. Al principio miraba el lugar y me preguntaba "¿Cómo estará mi tía?", Pero luego de eso, continuaba con mi vida, sin volver a pensar en ella.

Con los años, ella conoció a los misioneros, quienes le enseñaron del Libro de Mormón y, consecuentemente, se unió a la iglesia por medio del bautismo. En ese momento volví a pensar en ella y me alegré por la decisión que había tomado. En ese entonces, ya estaba más entrada en años. La ví un par de veces más porque iba a la iglesia con nosotros, pero después de un tiempo, dejó de hacerlo.

Seguía con visitas de parte de miembros de la iglesia su casa, pero debía tener cuidado, ya que el asilo era un recinto perteneciente a otra religión.

Esta fue su vida durante muchos años: vivir sola en un hogar. Debió tener amigos, los cuales, con el tiempo, dormían.. pero llegaban otros a ocupar sus habitaciones, con otros carácteres, con otros peinados y con otra ropa. Quizás congeniaba con ellos, quizás no.

En 20 años, podría asegurar que no tuvo visitas regulares de su familia, en dónde me incluyo. No formó familia ni dejó hijos. 

 

Volvieron a pasar los años y conocí a la mujer con quién me casé. Cuando iba a visitarla o la iba a dejar a su casa, en ocasiones, volvía a tomar la calle que daba al asilo de mi tía. Se lo mencioné un par de veces a mi nueva compañera. Siempre que pasaba por ahí, era casi un ritual mirar su ya viejo hogar.

Cuando me casé, volví a pasar muchas veces por ese mismo lugar, y como un hombre más maduro me dije: "espero darme el tiempo un día para venir a verla, tía". Hice tantas veces la misma promesa que a veces realmente me lo creía. Las oportunidades se dieron, pero siempre opté por tomar otro camino. Finalmente, no conoció a mi esposa ni pudo acompañarme en mi matrimonio. Sabía de su existencia, pero nuevamente la olvidé.

Ayer, 8 de julio del 2020, en una conversación con mi mamá, me preguntó:
- "¿Recuerdas a tu tía Meli?"
- Sí, respondí. Falleció, ¿cierto?
- "Sí. Ya venía con dificultades respiratorias, pero se contagió de COVID-19 y falleció ayer"

Convivió con la muerte tocando la puerta de sus vecinos hasta que, a causa de la enfermedad de moda de este año, la cual la pilló solitaria, la atrapó de tal forma que, finalmente, se la llevó.


Hoy, a dos días de su partida, la recuerdo; pienso en ella en esta helada y oscura noche de invierno y la lloro, porque la culpa llena mi corazón y me aflige su recuerdo; porque sé que tuve el tiempo y las oportunidades para visitarla y no lo hice. Después de tantos años, no me vio convertido en un adulto, no conoció a mi esposa y mucho menos, conoció a mi hija. Imagino que sus últimos recuerdos de mí, debido a su propia vejez, fueron cuando aún era un escolar.

No era tan cercano a ella, pero viendo su vida, me duele hasta el mismo centro saber que tuvo que pasar todo esto sola y sin familiares que pudiéramos acompañarla en sus últimos respiros.

Espero que, después de tanto tiempo, tus hermanos te reciban con una mayor calidez y con más cariño del que en estos últimos 20 años, nosotros, tu familia, pudimos ofrecerte.


Siempre he sabido de tu existencia... pero hoy, te extraño.

 


Hasta pronto tía. 

Thursday, May 24, 2018

Sweet Magic

La noche cae, las nubes adornan tiernamente el cielo y el viento me acaricia con una suave voz de calma. El escenario es perfecto. Esas flores, esa dulce esencia que logra abrazarme y abandonar de mí el frío de la noche. Observo detenidamente esa pequeña luz en la lejanía que me guiña y me habla con un disimulado silencio que me convence apreciar una vez mas. Me dirijo hacia ese espacioso y acomodado campo. Me recuesto sobre el húmedo césped, y miro fijamente las estrellas. ¡Qué belleza y qué recuerdos me traen esa diminutas lucecitas!.

De un momento a otro, mi mente se duerme y se transporta. Abro los ojos y el lugar me es familiar, algo así como un deja vú. Miro a mi lado, y ahí estás tú, tan bella como siempre. Con los ojos cerrados y una ternura inextinguible. Todo un ángel. Te observo como apreciando un milagro. ¡Qué dulce es la vida cuando canta así!.

Luego de unos momentos, noto agitada mi respiración. Volteo y mi ángel sigue a mi lado, pero sus ojos han despertado. Me contemplan y mis latidos aumentan con cada segundo que pasa.

Me levantas y me abrazas fuertemente. Me miras a los ojos y delicadamente me dices al oído: "jamás olvidarás estos momentos de magia, cuando compartimos el alma a flor de piel". Mi vellos se erizan, pero mi corazón se canta de alegría.

Después de unos minutos, el cielo se obscurece nuevamente, la estrella mimada me vuelve a sonreír y como por arte de magia, al abrir mis ojos me encuentro en mi cuarto. Luego, miro al costado y me doy cuenta de que no había sido sólo un sueño. Mi ángel estaba ahí. Eras tú. Siempre fuiste tú. 

Tesoros en la arena

La arena: diminutos fragmentos de historias que inundan y cubren la tierra.

Cada fragmento tiene tatuada una historia, y cada historia tiene un millón de fragmentos y puntos de vista.

Recógelos y cuando hayas encontrado suficientes, ordénalos, presta atención y lee lo que se presenta ante tus ojos. Si es sobre ti ¡qué historia!, pero si tú mismo la escribiste, la épica no perderá su misterio.

Tuesday, December 8, 2015

Scences from my memory: Scene VII

El tiempo ha pasado muy rápido. Exactamente, hoy y dentro de un mes, vamos a contraer matrimonio, para luego unirnos -literalmente- para siempre.
Creo que, dentro de los últimos dos días he sentido un poco mas los nervios al respecto. Cada vez tengo mas ansias de que llegue ese día.
He visto tus momentos mas tiernos y dulces, como también los no tan agradables. Hemos tenido nuestros momentos y nuestras reconciliaciones.

En realidad, no tengo muchas palabras para decir que quiero que este tiempo llegue pronto.

Te amo!

Saturday, April 11, 2015

More than a Sunset

Hace algunos días, me hallaba absorto en mis pensamientos y recuerdos. Pensaba en mis últimos días, esperando encontrar un dulce momento para elevar mi frágil ánimo, que en ese entonces se encontraba perdido. En ese instante de reflexión y casi como una respuesta, vino a mi mente un agradable recuerdo, el cual abrió mi mente a tal punto de ver con tanta claridad lo que allí ocurría, que casi podía palpar lo que presenciaba. Era increíble.

Fue un día sábado, lo recuerdo perfectamente. Había cerrado mis ojos por unos breves minutos, tal y como en el momento en que te conocí. Estaba ansioso por verte y poder conocer mas a tus seres queridos; mas los nervios me invadían como en ningún otro momento lo hicieron.


-Poco a poco, la alegría iba invadiendo mi interior hasta llegar al mediodía-


Recuerdo cuando horas mas tarde del arribo, fuimos a tomar un poco de sol, disfrutar de la brisa y del mar. El agua estaba helada, pero a momentos parecía volverse mas agradable. Poco a poco nos fuimos adentrando y desde una pequeña distancia pude verte disfrutar como una tierna niña con suma inocencia, entonces deseé que el tiempo se detuviera en ese mismo instante. Verte ahí, jugar, reír y disfrutar con tu familia era una postal increíble que aun ahora sigue grabada en mi mente, y de la cual agradezco haber sido parte.


Mientras esta emocionante escena pasaba a través de mis ojos, tiernos sentimientos se anidaban en mi corazón, estremeciendo algo dentro de mi. Sin poder evitarlo, una diminuta gota comenzó su recorrido, acariciándome en señal de alivio. En tanto esto sucedía, los mismos pensamientos que vinieron a mi mente y a mi corazón y que se anidaron aquel día, volvieron a hacer acto de presencia. Se mostraron con tan simple claridad. Esos sentimientos profundos que solo aparecen cuando los dejas brillar iniciaron su velada. Estaba perplejo. Emocionado. ¡Cuán vívido fue! 


Luego, recuerdo que salimos a recorrer un poco la ciudad. Tomados de la mano vislumbramos un bello paisaje. La noche estaba siendo iluminada no solo por las estrellas del firmamento, tu dulzura irradiaba aun mas, al menos desde mi perspectiva, y lo sigue haciendo hoy. Pasados los minutos prometidos, llegaba la hora de regresar, y así lo hicimos. Aquella noche comenzaba a tomar un sabor mas dulce. Algo sucedía y yo sabía lo que era. Esos nervios inocentes, esas sonrisas involuntarias volvieron a saludar. -De solo recordarlo mis margaritas renacen felices- Al llegar el momento de despedirnos algo cálido estaba palpitando, pero lo culminante aun no llegaba. Tuvieron que pasar un par de minutos mas. Las pocas estrellas que podía distinguir desde mi ventana titilaban, casi como entregando un mensaje, lo cual era correcto. Casi inmediatamente lo recibí desde la habitación contigua. Tan sencillas palabras hilaron la mas bella frase con la cual se podía terminar un perfecto día. "Hasta hoy atesoro esas palabras como las mas hermosas de la lengua humana"


Al día siguiente, esa alegre rosa floreció, restaurando su belleza. Volver a sentir la calidez de tus manos y la ternura de tus brazos confortó mi alma, y fue suficiente para iluminar este día.


Cuán hermosos recuerdos se anidan aquí dentro, que es imposible recaer. Gracias por ellos, y por seguir agregando mas historias y postales.



"te quiero [amor] Buenas noches!"